Altea es de esos pueblos que se visitan andando y sin plan. Si venís a comer o cenar al paseo, aquí va el itinerario que recomendamos a nuestras mesas, probado mil veces.
Antes de comer: el casco antiguo
Subid con calma por las calles blancas hasta la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, la de las cúpulas azules que sale en todas las fotos. El mirador de la plaza ofrece la mejor panorámica de la bahía, con el Peñón de Ifach al fondo. Bajando, las galerías y talleres de artistas justifican la fama bohemia del pueblo.
La hora buena: el paseo
El paseo marítimo es llano, peatonal y corre pegado al agua. A mediodía el mar está en su azul más limpio; al atardecer, la luz se vuelve dorada y la balaustrada blanca se llena de paseantes. Es exactamente ahí donde está nuestra terraza: primera línea, sin carretera entre medias.
Después de comer
Un paseo hasta el puerto o hacia la desembocadura del Algar baja cualquier paella. Los más activos siguen en bici por el carril del litoral hacia l'Albir y su faro: 40 minutos de pedaleo con vistas. Los más sabios piden otro café y se quedan mirando el mar, que para eso está.
¿El plan completo? Casco antiguo por la mañana, arroz por encargo a las 14:00 en la terraza, siesta de derecho y vuelta al paseo al atardecer. Reserva aquí y nosotros ponemos la mesa frente al mar.
